Hooligan

Hooligan es una palabra inglesa que hace referencia a los hinchas de fútbol británicos, normalmente jóvenes, que se ven envueltos en disturbios y protagonizan actos vandálicos y peleas. Este anglicismo se ha incorporado al español durante los últimos años. Sin embargo, el hooligan no es una figura exclusiva del fútbol en Gran Bretaña, y es que las actitudes violentas también son frecuentes en el fútbol holandés, español, italiano, argentino, entre otras nacionalidades.

Rasgos característicos de los hooligans

El hooligan no actúa en solitario, sino que suele formar parte de un colectivo, un grupo de hinchas de un equipo que se organizan como si de una banda se tratase. Estos seguidores poseen sus propios símbolos y una ideología generalmente radical y extremista, y a pesar de que animan a su equipo, lo hacen con un espíritu contrario al juego limpio.

Cuando tiene lugar un enfrentamiento entre dos equipos, los hooligans de uno de ellos buscan pelea con los hooligans del equipo contrario, por lo que se puede afirmar que estos grupos actúan como si se encontraran en un campo de batalla. La tensión es todavía mayor cuando tiene lugar un derbi o un clásico, ya que compiten equipos pertenecientes a la misma ciudad o equipos con una gran rivalidad histórica.

Consecuencias de las actitudes violentas de los hooligans

Estos fanáticos han protagonizado y protagonizan todo tipo de episodios violentos: destrozan el mobiliario público, se pelean entre ellos a puñetazo limpio o utilizando diversas armas e incluso se han dado casos de asesinatos. Estos actos vandálicos en ocasiones han derivado en auténticas tragedias, como la sucedida en Heysel, donde murieron treinta y nueve aficionados a consecuencia de una avalancha de seguidores en el estadio Heysel de Bruselas con motivo de la final de la Copa de Europa del año 1985. Actualmente, muchos clubes han decidido prohibir la entrada de estos aficionados a los estadios con el fin de combatir esa lacra, y es que están considerados popularmente como personas no gratas. Además, las autoridades de diversos países han tomado una serie de medidas para evitar el avance de los hooligans, entre ellas cabe destacar las siguientes:

  • Colocar dispositivos policiales en las proximidades de los estadios con el objetivo de evitar los enfrentamientos entre los hooligans de los dos equipos.
  • Mayor control en los accesos a los estadios para detectar símbolos extremistas o posesión de armas.
  • Instalación de cámaras de seguridad en los estadios para localizar actos violentos.

Origen de los hooligans

Los portavoces del Buckingham Palace y la prensa oficial en Reino Unido identificaron el término hooligan con el auge de la marginalidad, especialmente en los centros industriales más grandes. De ese modo se relacionó con una determinada forma de vestir, una jerga, unos comportamientos y ciertos barrios. Este concepto también llegó a comprender diferentes acciones, como por ejemplo los atracos en la vía pública, la prostitución y los robos.

Lo cierto es que nunca existió una clara intención de distinguir a los aficionados violentos de los actos relacionados con el mundo futbolístico. De esta forma, los hooligans, aquellos excluidos del sistema o desocupados, fueron equiparados en todo el mundo con los ultras del resto de Europa y con las barras bravas de Sudamérica.

Uno de los países candidatos a albergar la Copa Mundial de Fútbol de 2006 fue Inglaterra. Sin embargo, cuando la UEFA deliberó sobre la adjudicación de la sede en el año 2000, su candidatura se vio muy comprometida a causa de unos altercados protagonizados por hooligans ingleses en Bruselas y Charleroi. Finalmente, el país escogido fue Alemania, ya que su punto fuerte era su política anti-hooligan, la cual sin duda alguna tuvo una gran aceptación. Además, con el fin de evitar altercados, más de tres mil personas tuvieron que entregar sus pasaportes de manera obligatoria en Reino Unido, y estos no les fueron devueltos hasta la finalización del Mundial de Fútbol.

El hooliganismo se consideraba un crimen en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, por lo que estaba recogido en su Código Penal. En el artículo doscientos trece del mismo, el hooliganismo se definía como aquella conducta que alterara el orden público de manera intencionada y mostrase faltas de respeto claras hacia los pilares de la sociedad. Esta definición podía incluir múltiples conductas, tales como el lenguaje vulgar, el acoso y la vagancia. En la actualidad, el hooliganismo todavía permanece cubierto bajo los códigos criminales y administrativos de Rusia, pudiéndose aplicar a mayores de dieciséis años.

El hooliganismo se clasifica según los tres criterios que se mencionan a continuación:

  • Hooliganismo malicioso: se define como el compromiso con resistencia a la aplicación de la ley, con cinismo extraordinario, con intento o uso de armas, o realizado por un reincidente.
  • Hooliganismo menor: se considera como una infracción y está sujeto a procedimientos administrativos. Suele ser aplicado a peleas urbanas juveniles y desórdenes callejeros.
  • Hooliganismo: el término medio entre ambos.

El movimiento hooligan comenzó a ser más frecuente a partir de la década de los ochenta en los Balcanes, manifestándose en ese momento de una forma extremadamente virulenta. Los enfrentamientos entre aficionados serbios y croatas en la antigua Yugoslavia era el vivo reflejo de la crispación que reinaba en el ambiente. De hecho, durante el proceso de separación del antiguo país, la UEFA prohibió que los encuentros del Campeonato Europeo se disputaran en estadios yugoslavos hasta que el conflicto llegara a su fin.

Los hooligans son extremadamente violentos en Italia, por lo que se ha tenido que crear una legislación específica para estos conflictos en este país. Con el objetivo de identificar a estos hinchas agresivos, en dicha legislación está contemplada el uso de cámaras de vigilancia y tornos eléctricos. Además, en la entrada del comprador debe aparecer su nombre y su número de asiento. En el Estadio Olímpico de Roma incluso han sido instaladas unas sillas especiales denominadas anti-hooligans, las cuales no pueden ser arrancadas para evitar que sean arrojadas. Suelen estar ubicadas en una zona específica del estadio destinada a las aficiones de los equipos ingleses.

Cultura hooligan

El hooligan surge en los años sesenta, aunque ya en 1912 tuvo que ser suspendido un encuentro entre el Liverpool y el Manchester United a causa del hooliganismo. Su conducta era aceptada debido a que se consideraba un deporte de la clase obrera. Sin embargo, tal conducta se desvió una vez que esta clase ingresó en el mundo del fútbol, conociéndose como hooligan al fanático perteneciente a la clase media. Los que mostraban mayor agresividad eran los jóvenes, los varones y la clase baja.

Esta conducta tan violenta está contemplada como una manera mediante la cual el individuo puede desatar su ira dentro de la vida social. Su origen tiene lugar en el momento en el que los colectivos ultras con ideologías violentas, extremistas y radicales ejercen una influencia negativa en jóvenes carentes de información, los cuales hallan un poder que jamás habían experimentado. Las consecuencias eran nefastas: peleas en los partidos de fútbol e incluso agresiones a policías.

Algunos expertos creen que se trata de un problema que nace cuando se busca una respuesta a la frustración, teniendo el factor social mucho que ver en este tipo de conductas. Sin embargo, Klapp señaló que el origen del hooliganismo se encontraba en el aburrimiento juvenil y en la falta de estímulos.

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